El niño del cabello revoltoso surge dentro de contexto social e ideológico donde la expresión artística se disgrega cada vez más manifestándose en formas y lugares tan diversos que abarcan hasta las representaciones más inucitadas, como es en este caso la historieta.
Un arte distinto que en México ha tomado una fuerza y diferente concepción a la que ha tenido en el vecino país anglosajón. Donde “el comic book” forma parte de un mercado utilizado para mantener la enajenación y el desapego de los miembros de la sociedad hacia el objetivo con el cual surgió éste medio contracultural: reflexión y crítica de problemas concretos, tanto políticos como socilales. Puede vincularse a movimientos como el DIY (hazlo tú mismo), el grafiti latinoamericano, y la escena del fanzine. Visualmente, recuerda al art brut, al arte lowbrow, y al grafiti de protesta.
Así como los comics cuentan historias a través de viñetas secuenciales, Ñium Komix utiliza los muros tanto del imaginario colectivo como el de galerías para crear narrativas visuales.
La fusión de ambos medios ha enriquecido la expresión urbana, permitiendo que los paredes cuenten historias tan complejas y humanas como las páginas de un comix de Robert Crumb.
Creando personajes grotescos, irreverentes o satíricos, muy característicos del arte underground. Utilizando murales, stickers, paste-ups y fanzines como una herramienta de auto publicación y difusión dentro de una contracultura casi extinta a manos de la sociedad y el mercado de consumo. Con un estilo punk, crudo y expresivo, que se aleja de la historieta comercial tradicional.


